Sabina, un genio de los de siempre

Sus fans madrileños no escondieron su fidelidad al cantante el pasado sábado 25 de abril. Joaquín Sabina consiguió que a su público se le quedase pequeño el inmenso pabellón del Palacio de los Deportes de Madrid con el concierto 19 Días y 500 Noches.

Joaquín devolvía a los madrileños (que por tercera vez en menos de tres meses habían abarrotado ese pabellón de 15.000 localidades) el guiño,  eligiendo la canción Yo me bajo en Atocha como la segunda del repertorio, sabiéndola un  éxito asegurado. Y así fue. Todos coreamos a voz en grito “A mitad de camino entre el infierno y el cielo yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”

Concierto de Sabina

Su faceta como cantante no fue la única de la que pudimos disfrutar, Sabina dio continuas muestras de su humor,  apenas habían transcurrido los primeros 20 minutos cuando el cantante riéndose de sí  mismo y haciéndonos partícipes comento: “¡A que me da un ataque de pánico escénico!”. Las carcajadas y aplausos invadieron todas las gradas mientras el retomaba la canción 19 días y 500 noches. Tampoco se privó  de vacilar con el escote de su compañera de escenario ni de echarse unos bailoteos  por el escenario antes de sentarse.

En el escenario no solo estaba acompañado por los músicos a los que él describe como su  familia, también por sus dibujos que se proyectaban en una pantalla tras el escenario que acompasaban las temáticas de las canciones. Muchos nos llevamos una grata sorpresa cuando el artista confesó que aquellos “garabatos” eran suyos: “Dejé de tocar la guitarra y como no sé estar con las manos quietas, aparte del noble arte de la masturbación, me dediqué a hacer estos dibujos” nos contó a todos los allí presentes con una sonrisa burlona.

Dibujos de Sabina

La emoción en el concierto pudo palparse hasta el final, especialmente al final. Sabina consiguió que todo el aforo cantase su canción Y sin embargo no sin antes picarnos “no os oigo un carajo”. Cuando terminó el concierto con la canción Y nos dieron las diez,  la ovación que recibió el cantautor  para que volviese a salir a escena fue sobrecogedora. Todo el pabellón en pie coreando su nombre y muestras de afecto a lo que sabina supo de sobra corresponder regalándonos canciones que todos esperábamos como Princesa o Pastillas para no soñar, esta última la cantó con platillos en mano.

El último concierto de la gira, cargado de emociones, confesiones y humor ha sido  la mejor forma de dar un “hasta luego” a sus cómplices madrileños que tendremos que esperar dos años para volver a verle, y por supuesto, allí estaremos.